Germán Sánchez: «Ya dimos la sorpresa en el Camp Nou»

Contra el Real Madrid partido número 56 del Granada en esta temporada.

Ha sido un año bastante completo. ¿Quién se imaginaba que este sería el partido 56? Eso habla muy bien del presente curso, muchos partidos bonitos. Está mereciendo la pena.

Un año para enmarcar.

Hemos hecho hitos históricos para este club. Sabemos de dónde venimos. Hace tres años estábamos en Segunda y conseguir todo esto ha sido muy importante. La pena es que no ha habido público. Es una desgracia. Si podemos distraerles aunque sea un par de horas por la tele a los aficionados, mucho mejor.

Ha sido un año complicado. Maratón de partidos, lesiones, coronavirus…

El eslogan ‘Eterna Lucha’ nos viene al dedillo. Hemos pasado por muchas cosas, pero siempre tiramos hacia delante. Ante las adversidades no ponemos ningún tipo de excusas y enfocamos el próximo partido como el más importante. Vengo de abajo peleando mucho.

Contra el Real Madrid.

Sabemos la entidad del rival y que será un partido muy difícil porque se juegan ganar la Liga. Tenemos que ser nosotros mismos como toda la temporada a pesar de las dos derrotas seguidas que empañan un poquito el papel. Esperamos poder brindar una victoria para nuestra gente y demostrar que podemos pelear por los tres puntos.

¿Se le puede meter mano al Real Madrid?

Ya dimos la sorpresa en el Camp Nou porque teníamos creencia de que se podía ganar. En el fútbol no está todo dicho, aunque destacamos la entidad del rival que tienen jugadores que pueden decidir un partido en cualquier minuto. Creemos en nosotros y saldremos a por la victoria.

En el Real Madrid andan enfadados con el arbitraje por la famosa mano de Militao.

En esto de las manos, sin duda alguna, no hay un criterio unificado y esperemos que se pongan de acuerdo ellos primeros y nosotros les entenderemos un poco más. En un partido del sábado te la pitan y el domingo, la misma jugada, no te la pitan. No sabemos el criterio que hay.

Al Granada le han pitado once penaltis en esta Liga.

Sabemos que nos han pitado penaltis en contra, pero repito que no ponemos ningún tipo de excusa y debemos corregir los errores que han provocado esos penaltis.

Germán ha marcado al menos un gol en cada una de las últimas nueve temporadas.

Sé cuál es mi papel; primero defender, segundo defender y tercero defender. Pero si se puede sumar al equipo goles de estrategia ahí estoy yo, es una faceta que trabajamos bastante y en esta categoría es muy importante el balón parado.

Por características de juego: ¿es el Sergio Ramos de Los Cármenes?

No me gusta la comparación porque Sergio Ramos lleva en la élite muchos años, cosa que es difícil por no decir imposible. Yo estoy muy contento con mi carrera y estoy disfrutando muchísimo en este momento.

Ha crecido como futbolista con el Granada.

Hemos ido de la mano, De todos los equipos se aprende, pero aquí hemos conseguido muchas cosas. A la vez que se disfruta, se sufre.

¿Recuerda cómo llegó al Granada?

Me contactaron durante aquellos playoff que jugué con el Tenerife contra el Getafe. No le quise dar mucha importancia y lo dejé para más adelante. Al final llegamos a un acuerdo que, visto lo visto fue bastante positivo. Una de las mejores decisiones de mi vida viendo lo que he crecido con el club. En la ciudad me encuentro muy a gusto. Es para estar muy contento pero no me gustaría pararme aquí, Me gustaría seguir consiguiendo éxitos.

¿Cómo fue su debut en Primera con el Granada?

Un sueño cumplido. Fue en Villarreal y el resultado fue 4-4. No me dio ni tiempo de pensar en el debut. Un recital de goles. Un partido para el recuerdo. Estuvo más cerca de ser un partido de tenis que de fútbol.

¿Siempre central?

En San Fernando jugué en algunas ocasiones de mediocentro y en mis orígenes alguna que otra vez jugué de mediapunta. Como se suele decir, a los que no valen arriba se les va retrasando.

¿Cuál es el delantero más complicado de marcar?

Benzema, Messi, Griezmann… ¿Qué le voy a decir? Benzema está en un momento muy bueno en la faceta goleadora tirando del Real Madrid y muy oportunista. Está en sus mejores momentos de la carrera.

Diego Martínez comentó que valora más la permanencia en Primera que haber jugado en Europa.

Estoy de acuerdo. Nos hemos mantenido en mitad de tabla hacia arriba y uno se acostumbra siempre a lo bueno. Hay que dale el valor como dice el míster. Para nosotros es más importante la permanencia que entrar en Europa. La permanencia es el sueño del club, de la gente, el volver a disfrutar otro año en Primera y a partir de ahí, conseguir cosas bonitas.

El Granada ha sido un equipo al límite. Ritmo trepidante de partidos, lesiones, sanciones, el coronavirus…

El secreto es que somos una plantilla amplia y se ha demostrado que todos tenemos cabida. El que sale por un compañero de baja lo hace bien y el míster tiene un abanico de jugadores El rendimiento de la plantilla para soporta tres competiciones en un club que no estaba acostumbrado dice mucho de la plantilla.

La gente valora lo que están consiguiendo.

Totalmente. Nosotros percibimos esa ilusión que transmitimos como equipo. Lo más bonito es transmitir una serie de valores a los aficionados, que se sienten identificados. Cada minuto lo peleamos como su fuera el último y lo más bonito es que les transmitimos esa fuerza de que se pueden conseguir las cosas.

Diego Martínez ha transformado a este Granada.

Pues sí. Tanto él como el cuerpo técnico. Hemos ido todos de la mano. Se ha notado que hemos ido en sintonía.

¿Cree que Diego se va a quedar?

No tengo ni idea porque no hay ni tiempo de pensar en estas cosas con tanto ritmo de partidos. En estos tres años ha dado un crecimiento al club y nosotros pensamos que ojalá se quede porque ha hecho historia. Pero eso es una decisión del club. Nosotros estamos encantamos con él.

Jorge Molina y Roberto Soldado, los ‘carrozas del gol’.

Dos profesionales como la copa de un pino. Se complementan muy bien. También Luis Suárez. Vienen a entrenar como si fuera el primer día. Es una bendición para todos, para los jóvenes. Son dos claros ejemplos de cómo se magnifica esta profesión. Ojalá llegue a la edad de Jorge Molina con esa vitalidad y energía e ilusión como si fuera un chaval.

¿Cuál ha sido el momento más bonito de esta temporada?

No tengo un momento clave Ha sido el desarrollo de la temporada, el competir tres días a la semana. Eso dice mucho de lo que hemos conseguido.

¿La gente que le dice por la calle?

Felicitan al equipo por los valores que les transmitimos jugando al fútbol. Te dan las gracias.

Ha echado raíces en Granada.

En diciembre tuve a mi hija Carla y eso significa que uno está muy a gusto en el club y la ciudad. Una granadina más-

¿Cuál es el central que más le gusta?

Siempre me ha gustado Fernando Hierro por su liderazgo, orden y saber estar. Uno de mis referentes.

Le preguntamos por la famosa jugada del Betis-Granada. ¿Cesión dentro del área de Gonalons al portero Aarón?

Para mí personalmente no fue porque no sé si le dio a Max (Gonalons) en el tobillo. No ponemos excusas. El árbitro tomó una decisión, acertada o no. Fue una jugad que decidió el partido y ya están.

También le vimos dando la cara en el intercambio de palabras de Soldado con Díaz de Mera el día del Cádiz.

No hemos tenido suerte con Isidro (Díaz de Mera) pero bueno. Igual que los jugadores cometemos errores, los árbitros también cometen errores. Se intentó apelar y hay que pasar página.

¿Cuánto le queda de contrato?

Acabo en 2022.

¿Le han dicho algo de quedarse más tiempo?

De momento no hemos hablado porque estoy centrado en el entrenamiento, en el partido de mañana y en el siguiente. Si nos tenemos que sentar, nos sentaremos y hablaremos como hemos hecho siempre.

Si por usted fuera se quedaría hasta los 50…

Tanto no creo (risas). Yo estoy muy a gusto aquí. Uno va cumpliendo años y, año a año, hay que ver en qué condiciones estas, si el club está contento contigo y si te ves utilizable para el equipo. Intentaremos pensar en eso más adelante.

¿El Granada volverá a Europa?

Si esta pregunta me la hubiera hecho hace un año, igual nos tildan de locos. Que nadie dude de que, si se da el momento como el año pasado, lo vamos a intentar aprovechar que fue una carambola rocambolesca de última hora. Hay que pensar en las opciones que tengamos ahora pensando en el siguiente partido.

Revolución galáctica

La Champions, para bien o para mal, suele provocar catarsis en el camiseta de futbol Real Madrid barataEl papel en la Copa de Europa es el termómetro con el que se evalúan las temporadas del equipo blanco. La Orejona arregló campañas en las que el equipo acabó descolgado en la lucha por la Liga (la Octava clasificó al equipo, que había quedado quinto en el campeonato, para la edición siguiente, cuando ya iban cuatro clubes por país) o las eliminaciones europeas precipitaron acontecimientos en el banquillo, como el relevo en el banquillo en la 2018-19 tras el desastre ante el Ajax.

Nunca hay que dar al Madrid por muerto en Europa. Los de Zidane lo han demostrado esta misma temporada, tras una fase de grupos en la que se clasificó de forma agónica y unos cruces en los que los blancos nunca estuvieron entre los favoritos en las quinielas. Rompieron los pronósticos y llegaron a semifinales, una cota que no alcanzaron otros aspirantes como la Juventus o el Bayern, vigente campeón. La final, en cambio, se ha resistido por tercer año consecutivo.

La eliminación abre un cambio de ciclo, no ya en el dominio europeo que el Madrid erigió con cuatro títulos en cinco años, sino en la plantilla blanca. La eliminación ha hecho renacer las dudas en el futuro de Zidane (alimentadas por él mismo) y el partido de Stamford Bridge ha puesto el foco sobre algunos jugadores de la plantilla. No será un cambio de un día para otro, pero sí una revolución a dos o tres años vista en la que los baluartes de las últimas Champions (Ramos, Modric, Kroos, Benzema…) darán paso a las figuras llamadas a protagonizar los éxitos de la próxima década: Mbappé, Haaland, Alaba, Camavinga, Pogba si su fichaje se pone a tiro…

El futuro ocaso de la vieja guardia

Entre la final de Milán y la de Lisboa pasaron dos años. Seis jugadores repitieron titularidad. En Stamford Bridge, casi tres años después de la Decimotercera, fueron titulares cinco jugadores que lo fueron también en las últimas tres finales: Ramos, Casemiro, Kroos, Modric y Benzema. Habrían sido siete de no ser por las lesiones de Carvajal y Varane. Cuatro de los pilares del equipo de Zidane están en la treintena. Salvo Casemiro (que tiene 29), las otras piezas de la columna vertebral del equipo que sucumbió ante el Chelsea han cumplido los 30. Modric y Ramos tienen 35; Benzema, 33 y Kroos, 31. Los tres primeros han formado parte del Madrid campeón de las últimas cuatro Copas de Europa en el palmarés del club. El alemán ha sido pieza clave en las últimas tres. Una generación excepcional que, aparte de las Copas de Europa, ha dado al Madrid dos Ligas, cuatro Mundiales de Clubes, tres Supercopas de Europa, dos Supercopas de España…

Su importancia el equipo sigue siendo capital. Esta temporada el equipo ha llegado hasta donde la gasolina les ha aguantado en un contexto extremadamente exigente. Salvo Ramos, maltratado por las lesiones los últimos cuatro meses, el resto están entre los siete jugadores que han superado los 3.000 minutos jugados esta temporada. Modric y Ramos han entrado en esa fase de ir renovando año a año (aunque en el caso del capitán si al final lo hace puede firmar por dos temporadas) y van camino de ser los jugadores de campo más veteranos en disputar un partido con la camiseta madridista desde hace 50 años (Gento se retiró en 1971 con 37). Benzema, de cuyos goles el Madrid ha dependido esta temporada más que nunca y que acaba contrato en 2022 (con 34 años) y Kroos, que termina en 2023 (con 33), se adentrarán pronto en esa fase.

Los que están por llegar

La renovación de la plantilla tiene nombres. Este puede ser el verano de Mbappé. Y más si el Dortmund sigue cerrado en banda en su idea de no dejar salir a Haaland. El delantero del PSG se resiste a renovar su contrato que expira en 2022 y el club parisino debe decidir si se arriesga a que se marche libre entonces o sacar réditos de un traspaso este verano. En el caso del noruego, la entidad renana insiste en que se queda un año más. «Haaland jugará la próxima temporada en el Dortmund. Erling está completamente de acuerdo», dijo recientemente el exfutbolista y ahora directivo del club amarillo Sebastian Kehl. Pero, a falta de tres jornadas para el final de la Bundesliga, el equipo renano aún no tiene asegurada su presencia en la Champions (de hecho, está quinto, fuera de los puestos que dan acceso a la máxima competición continental) y no alcanzar ese objetivo puede dar un giro a los acontecimientos.

Junto a los dos grandes galácticos llamados a protagonizar la próxima década del planeta fútbol, aparecen otros nombres. Dos de ellos, Alaba y Pogba, en su plenitud futbolística: 28 años cada uno. La llegada de Alaba este mismo verano parece estar cerrada a falta únicamente del anuncio oficial. Y el francés, un viejo anhelo madridista, acaba contrato con el United en 2022 y aún no ha renovado. Una opción apetecible si su fichaje se pone a tiro. El otro es Camavinga, mediocentro del Rennes de 18 años que suscita el interés del Madrid, sino de otros grandes clubes de Europa. Acaba contrato en 2022, no va a renovar y su precio puede ser asequible este verano.

El encaje económico, clave

En un contexto de crisis por el azote de la pandemia, que ha provocado perdidas multimillonarias a los grandes clubes contra el Real Madrid, el encaje económico de los nuevos galácticos es un problema añadidoMbappé, si llega mediante traspaso, está llamado a convertirse en el fichaje más caro de la historia del club blanco. Una inversión a la que habrá que sumar un generoso salario. Haaland tampoco saldrá barato.

El Madrid puede sacarse de la manga 250 millones de euros este verano, entre ventas y ahorro de salarios de jugadores como Varane, Odriozola, Isco, Mariano, Marcelo, Jovic o Ceballos. Sin ir más lejos, el verano pasado recaudó 88 millones de euros sólo con las ventas de Achraf, Reguilón y Óscar Rodríguez.

Las paulatinas salidas de jugadores como Bale, Ramos o Modric aliviarán la masa salarial. Y el nuevo Bernabéu será una mina. Cuando esté acabado a finales de 2022 o principios de 2023, la previsión del club es que la explotación del estadio aporte 200 millones de euros anuales extras a las arcas blancas. Cimientos para construir el nuevo Madrid.

Aprobados y suspensos del Madrid: Courtois tiene ángel

Courtois: A día de hoy es, probablemente, el portero más en forma del planeta. En el minuto 9 dejó una de las paradas de la temporada, en un remate a bocajarro de Werner. Muy seguro en todos los centros laterales, en los que no dio opción a sus ex.

Carvajal: Lejos de su mejor momento físico tras la inactividad, no le ayudó el sistema: carrilero largo sin nadie por delante en banda. Sufrió mucho. Fue sustituido en el tramo final, agotado.

Militao: Muy buen partido. Se vio desbordado en algunas jugadas por el vendaval del Chelsea en ataque en la primera media hora, pero si el Madrid consiguió igualar el partido fue en gran parte por su contundencia en los cruces. Su segunda mitad, imperial.

Varane: Son estos partidos sin Ramos en los que se le exige un liderazgo que no termina de ofrecer. Zidane le colocó en el centro de una defensa con tres centrales y no fue el líder que se esperaba. Los delanteros del Chelsea le superaron con excesiva facilidad, pillándole fuera de sitio en varias jugadas.

Nacho: Uno de los jugadores más en forma del Real Madrid. Sufrió para tapar las carencias de un Marcelo que le ayudó poco o nada, pero aun así abortó muchos ataques peligrosos.

Marcelo: Zidane le dio la titularidad en un partido grande mucho tiempo después y el brasileño evidenció una vez más que ya no está para este nivel. Fue un agujero atrás e intrascendente en ataque. No le acompaña el físico ni la actitud.

Casemiro: Muy incómodo en la salida de balón, por momentos sufrió también en defensa por la movilidad de los mediapuntas del Chelsea, que le sacaron de posición en varias jugadas. Buena media hora final, con cortes decisivos.

Kroos: Kanté no se despegó de él y le complicó la vida para que no estuviera cómodo en ningún momento. A pesar de ello puso criterio y cambios de juego siempre que pudo. Mejoró en la segunda parte.

Modric: Muy flojo primer tiempo, anulado por los centrocampistas del Chelsea. Creció en la reanudación y con él lo hizo el Madrid, que jugó al ritmo que marcó.

Vinicius: Dejó una buena arrancada y ayudó mucho en la presión, aunque entró menos en juego de lo que acostumbra. Poco brillo, fue el primer sustituido por Zidane.

Benzema: El Madrid depende de él en ataque. Suyos fueron los mejores movimientos y las mejores oportunidades, con un balón que estrelló en el palo en el minuto 22, cuando peor lo pasaba su equipo, y el gol del empate que apagó el ímpetu del Chelsea.

Hazard: Fue el primer cambio de Zidane. Apenas dejó ninguna jugada reseñable.

Asensio: Zidane sorprendió con su posición: le colocó de carrilero. No está cómodo ahí y se fue al ataque y al centro siempre que pudo.

Odriozola: Dejó una entrada muy dura a Rudiger que le costó la tarjeta amarilla.

Rodrygo: Cuesta entender este cambio por parte de Zidane: en el descuento (se perdió tiempo), por el jugador con más gol del Madrid (Benzema) y con el equipo buscando la victoria.

Courtois es el muro

El Real Madrid recibe en Valdebebas esta noche a un Chelsea que ha hecho de la solvencia defensiva su seña de identidad: ha dejado su puerta a cero en 16 de los 21 encuentros que ha dirigido Thomas Tuchel. Unos números impecables con los que el Madrid, sin embargo, es capaz de rivalizar: lleva 390 minutos seguidos sin encajar un solo gol, los que han pasado desde que Mingueza hiciese el 2-1 para el Barcelona en el minuto 60 del Clásico. Desde entonces, van más de cuatro partidos con la red de Courtois inmaculada.

Gran parte de su mérito descansa sobre los hombros del portero belga, que ante el Betis, en la última jornada de Liga, salvó el punto para los blancos con dos paradas, en especial con un mano a mano ante Borja Iglesias en el que redujo al máximo los espacios para el ariete. Courtois ha detenido 22 de los últimos 24 disparos que ha recibido entre los tres palos y sólo los momentos de zozobra que ha pasado el Madrid en meses anteriores le impiden estar en cifras como para liderar el Trofeo Zamora en Liga.

Ha encajado 24 goles en 33 partidos hasta el momento, con un promedio de 0,73 tantos por duelo. Marcha tercero en la clasificación que define al mejor guardameta del torneo español, muy cerca de Bono (0,72) y a cierta distancia de Oblak, con 22 goles recibidos en 33 partidos (0,67). El reconocimiento, que Courtois ya ha recibido tres veces (dos de ellas con el Atlético y una con el Real Madrid), aún está al alcance. Dependerá de lo que suceda en las cinco jornadas finales y en buena medida marcará también las opciones del Madrid de luchar por el título.

Courtois, ante su pasado

Ahora llega la Champions, donde Courtois no ha andado tan fino, como el Madrid en general en defensa: 11 goles encajados en diez encuentros. Nueve de esos once goles, eso sí, los recibió durante la mejorable fase de grupos que realizó el equipo de Zizou; entre octavos (Atalanta) y cuartos (Liverpool), sólo dos goles recibidos en cuatro encuentros. Y llega el Chelsea, un equipo con el que el belga ha mantenido un vínculo en el pasado.

En el verano de 2011, El Genk traspasaba a Courtois al Chelsea a cambio de nueve millones de euros; casi al mismo tiempo, se anunciaba su cesión al Atleti, donde jugó tres años, a la espera de que Cech, toda una institución en Stamford Bridge, le hiciese hueco. En verano de 2014 regresó para jugar cuatro temporadas en el Chelsea: 154 partidos y 152 goles encajados. En Inglaterra ganó dos Premier League, una FA Cup y una Copa de la Liga, hasta que solicitó salir, camino de Madrid…

«No tengo que saltarme etapas»

Eden Hazard ha disputado cerca de media hora en el partido de ida de semifinales entre Real Madrid y Chelsea. El belga incluso apuntaba a la titularidad, pero Zidane consideró que aún no estaba al cien por cien, recién recuperado de su lesión muscular. El ex ‘blue’ lo aclaró: «No tengo que saltarme etapas«. Aun así, el técnico francés confió en él para el tramo final, en el que el partido estaba más embarrado. Trató de participar en la ofensiva del equipo, si bien no pudo desequilibrar ni generar ocasiones de peligro.

Tras el encuentro, compareció en los micrófonos de BT Sports, admitiendo que lo que se vio en el terreno de juego podría haber dejado un resultado más desfavorable de cara a la vuelta: «El marcador podría haber sido peor. Aún queda el partido de vuelta, tenemos que pensar en el partido contra Osasuna este fin de semana, luego ir ahí abajo para ganar».

Además, también explicó por qué había disputado tan solo un rato en la segunda mitad, consecuencia de su lesión y los plazos de su recuperación: «No tengo que saltarme las etapas. Por supuesto que quiero estar en el campo. Aún quedan partidos por jugar al final de la temporada, así que quiero estar listo para ellos. Simplemente feliz de poder volver a jugar».

Por último, habló del sistema y del reencuentro con su exequipo: «Siempre es bueno jugar contra amigos, pero que ahora es jugador del Madrid y que solo quiere ganar. ¿Repetir esquema? Pregúntale al entrenador. Ya hemos jugado con esta formación antes y sabemos hacerlo. También sabemos con cuatro atrás. Depende del entrenador». En Twitter, elogió a Benzema: «Gran definición».

Benzema vale lo que el Chelsea

Todo fue lo que parecía. El Chelsea, un hueso. El Madrid, Benzema y diez más. La Champions, un mal sitio para meter la pata. Makkelie, un árbitro al servicio de sí mismo y no de quien le puso en Valdebebas. Y la eliminatoria, un thriller que se resolverá en Londres. La gran virtud del Madrid en esta competición que fundó y que explica sus trece copas radica tanto en su capacidad para aprovechar el viento de cola como para sortear tempestades. Una se le vino encima en la primera mitad y salió vivo de ella. Y luego restableció un equilibrio que espera romper en Stamford Bridge. Le costará.

Atendiendo a la estadística reciente de los dos terraplanistas (uno, el Chelsea, arrepentido como Galileo; otro, el Madrid, persistente) se anunciaba el desfile de una columna de blindados. Atendiendo a las alineaciones, también. Zidane se fue a los tres centrales, que ahora es mal menor por varias razones. La principal, que el séquito de Benzema en ataque está muy lejos de aquellos tiempos de la BBC, un bombardero que no miraba a retaguardia y que justificaba de sobra esa juerga loca del 4-3-3. Pero es que además a Zidane, aunque tarde, se le ha aparecido el banquillo con el renacimiento de Nacho y Militao (excelente otra vez), más Marcelo, que con la red de un central de más aún tiene recorrido y el plus de la experiencia en una competición que él y el Madrid traducen como nadie.

Tuchel tampoco tocó nada. Le ha ido bien con ese 3-4-2-1 que amuralla al equipo por el centro con Kanté y Jorginho, un cerrojo de doble vuelta, y sin su fichaje estrella, Havertz, que aún debe coger ese punto canalla que tiene la Premier. El partido, en cualquier caso, tuvo más marcha de la prevista. El furgón blindado pasó de largo.

La manada azul

El Chelsea es un equipo de enorme exuberancia física para el que cualquier zona del campo es aprovechable. Con y sin balón. Más incluso sin balón. Así que, presumiendo de vigor extremo, se fue a buscar al Madrid allá donde estuviese. A por los centrales, a por los laterales, a por Casemiro, a por los constructores. Aquella manada azul resultó un verdadero incordio para el equipo de Zidane. Más con un árbitro, Makkelie, muy permisivo con los contacto.

El Chelsea de Tuchel es un experto en penalizar la pérdida ajena. Pudo hacerlo pronto, en una llegada de Mount, con dejada de Pulisic de cabeza y remate de Werner a tres metros de la línea de gol. Courtois sacó un pie por reflejos y evitó un gol seguro. Aquello no acabó con el dominio del Chelsea, un equipo de extraordinaria agresividad y un ritmo muy superior al de este Madrid exhausto. Así que antes del cuarto de hora repetiría. Pulisic encontró la espalda de los centrales en un envío de Rüdiger, sorteó con paciencia a Courtois y marcó entre los centrales del Madrid, que esperaban sobre la línea lo inevitable. El equipo de Zidane defendió mal la acción de principio a fin.

Pulisic se prepara para batir a Courtois.

Sólo pareció vulnerable el Chelsea a la velocidad atropellada de Vinicius, poco aprovechada, y al duende de Benzema, que ha aprendido, a la fuerza, a vivir en soledad. Sin más ayuda que la de su ingenio se inventó un zurdazo al palo para proclamar que el Madrid existía. Mientras, a Modric, Casemiro y Kroos el partido les pasaba por encima. Su motor no estaba al alcance del correcaminos Kanté, de Jorginho o del diabólico Mount, un cuchillo con espacio por delante.

Y en este escenario de máxima adversidad empató el Madrid. Un centro de Marcelo pasó por las cabezas de Casemiro y Militao hasta llegar a Benzema, que salió del trance con dos acrobacias: un control de testa y una volea tremenda. Era un jugador contra el mundo. El gol del francés y la lluvia incesante le bajaron la temperatura al Chelsea hasta el descanso sobre un césped de cristal.

Con esta volea batió Benzema a Mendy.

La igualdad

El inicio de la segunda mitad estuvo más cerca de los pronósticos. El Madrid encogió la distancia entre líneas y pareció protegerse mejor, y el Chelsea ya no encontró tantas puertas por donde colarse. Quedó la impresión de que uno y otro concluyeron que la batalla va a ser larga y que cualquier riesgo de más es innecesario. Un partido con menos ruido jugaba a favor del que tenía menos ritmo, claramente el Madrid.

En ese periodo de encalmada pintaba poco Vinicius y Zidane se echó en brazos de Hazard, ese convaleciente eterno que hace casi dos años llegó para patronear al equipo. Tuchel, consciente de que el partido ya sonaba a bolero, cambió a un futbolista por línea sin más pretensión que volver a poner en marcha aquel motor de gran cubicaje. Esa situación de equilibrio ya le parecía un éxito al Madrid, consciente de que en la primera parte se había visto desbordado.

A un cuarto de hora del final, los laterales del Madrid sacaron bandera blanca y a Zidane, que ya no tenía más, no le quedó otra que colocar a Asensio como carrilero zurdo. Los cambios revitalizaron al Madrid con algunos detalles esperanzadores de Hazard. Quizá por ahí, por el lado más inesperado, esté su billete a Estambul.

Benzema trae luz al Madrid

Valga el chiste fácil: Liga a falta de Superliga. En eso sigue el Madrid, que pende de un hilo por su desventaja y por la merma evidente de su plantilla, pero que va cargado de plutonio: Benzema, un jugador bueno y bonito a partes iguales. En el Carranza dejó dos goles, una asistencia y esa capacidad para apretar el botón nuclear que tenía Cristiano, independientemente de si el equipo mandaba o sufía. En el Carranza el Madrid mandó mucho y se acostó líder. El Cádiz, que era granito, se evaporó con un soplido.

Hace tiempo que, por un coronavirus de más, un psoas maltrecho o un sóleo traidor, las alineaciones del Madrid son un Frankenstein. Lo fue la de Getafe, con cinco mediapuntas y ningún mediocentro, producto de que los presidentes se enamoran de los primeros hasta convertirlos en una especie invasora en las plantillas y recelan de gastar dinero en los segundos. Y lo fue la de Cádiz, con un envase innovador. Un 3-4-3 explicable. Zidane no va ni a la esquina con Odriozola y Marcelo, laterales con mucha ida y poca vuelta, sin la escolta de tres centrales. Esta vez los tenía y los puso. Y dobló el eje con el canterano Blanco para darse el gusto de jugar con extremos. Multiplicar las bandas es medicina tradicional para defensas cerradas. Pero lo que realmente cambió al Madrid del Coliseum al Carranza fue Benzema, que es una caja registradora. Ahora mismo se siente capaz de todo, solo o acompañado.

El Cádiz, en cambio, es un equipo de responder antes que proponer. Ahí no cabe el carnaval. De hecho, Álvaro Cervera no se oculta como apóstol del otro fútbol, que en esto la verdad está muy repartida. Confiesa que es por necesidad, pero no reniega de ello. Y le ha ido bien. Tomó al Cádiz en Segunda B, le dieron tiempo, lo ascendió el pasado verano, lo tiene casi salvado y ha resultado muy poco masticable para los grandes. Esta vez compareció muy demacrado. Cometió un penalti prescindible y se deshizo después ante ese Madrid recompuesto que le atropelló sin pasar de tercera.

Un penalti de punto final

El partido comenzó muy al gusto del Cádiz, lejos de las áreas, repleto de minutos intrascendentes y con Negredo en el centro de la escena. Aún tiene muchos registros: el juego de espaldas, el toque para encontrar las bandas, un buen desborde en corto. Tuvo color amarillo lo primero con apariencia de vistoso: un remate demasiado cruzado de Jonsson y otro sin potencia de Jairo. Pan comido para Courtois. Hasta en posesión se puso el Cádiz a la altura de un Madrid sin Kroos ni Modric, las neuronas del equipo. Quizá el partido pedía a Isco, pero sigue en riesgo de exclusión, enmohecido por falta de minutos. Y a pesar de salir con cinco brasileños, el equipo de Zidane fantaseó muy poco de salida.

El Madrid compareció antes en el VAR que frente a Ledesma. Aún andaba Rodrygo quejándose de un agarroncín (jugada gris tirando a blanca) de Jairo cuando Iza Carcelén pisó a Vinicius tan involuntaria como claramente en el área. Se le fue a Mateu pero no a De Burgos, en su burbuja, y Benzema decidió la suerte del partido. No sólo por transformar el penalti, el primero que le pitan al Madrid desde octubre (el famoso de Lenglet a Ramos en el Camp Nou), sino porque seis minutos más tarde, en su faceta de cantautor, sacó un gran pase al segundo palo que cabeceó Odriozola a la red a dos metros de puerta. Su sitio está claramente al otro lado de la frontera. Y el francés remató la faena de cabeza, otro de los instrumentos que toca, a centro de Casemiro, antes del descanso. Antes era violín. Ahora, violín y tambor.

Polifacético Casemiro

Como tantas veces, al Madrid le llegó el gol antes que las musas, auxiliado por la torpeza del Cádiz en la salida de la pelota. Y hasta los tantos, sus mejores jugadores estaban al otro lado del campo: Nacho, en su habitual papel de central impecable; Blanco, que puede ser uno de esos canteranos que hacen plantilla en un puesto donde cuesta fichar, y Casemiro, el espalda plateada cuando no está Ramos. Doctorado como mediocentro, oposita como mediapunta.

La mitad que restaba resultó muy poco emocional. Álvaro Cervera cambió a cuatro en el descanso. Debieron parecerle pocos. Volantazos así son una bronca de obra y no de palabra: Fali de mediocentro, dos puntas, un lateral derecho (Akapo) más activo. Una reforma total para salvar el honor. Los puntos ya eran un imposible. Y el Madrid dejó de jugar contra el Cádiz para hacerlo contra Betis y Chelsea. Volvió Carvajal, que sólo ha jugado tres partidos en 2021 y que forma parte de la guardia personal del francés, y Asensio e Isco refrescaron el equipo. Benzema se quedó aún un ratito más porque se estaba dando un gustazo que Zidane no quiso interrumpir, aunque la prudencia aconsejaba otra cosa.

El final fue plomizo. Zidane probó a Miguel Gutiérrez por si se extiende la plaga y Mariano dejó una gran maniobra y un mal remate en una jugada previamente anulada por fuera de juego. En cambio, Blanco aprovechó hasta el hueso su partido. Ahí el Madrid está tieso, se abre un hueco y el canterano se lanzó de cabeza a por él.

Resistir también es ganar

El Real Madrid, que tiene el acta fundacional de la Champions, conoce mejor que nadie las mil maneras de llevarla hasta su museo. Por eso tiene trece. En Anfield adoptó el modo supervivencia, con algún mal rato pero sin verse sometido a un agobio feroz. No hay gran trofeo que no obligue a pasar en algún momento por cuidados intensivos. Esta vez el Madrid jugó con el tiempo, la ansiedad de un Liverpool venido a menos, la confianza de quien conoce el oficio y dos centrales que no parecieron suplentes. Y, así, sin la solemnidad de otros tiempos, se ve de nuevo en semifinales, un territorio que hace tres meses le parecía Marte.

Visto el once, cabe deducir que Zidane no le tuvo miedo a Anfield, o al esqueleto de Anfield, por ser exactos, pero sí a Odriozola. Hace tiempo que el Madrid tiene dos plantillas: una formal, amplia, en la que están todos los que cobran, y otra real, corta, a la que el técnico confía su vida (o las vidas de cien gatos, que son las que ha consumido en cinco años). Odriozola, al que le cuesta fingir que es un extremo mal reconvertido, sólo figura en la primera. Sus 47 minutos en dos meses con el lateral derecho titular lesionado son prueba irrefutable. Y como Zidane entendió que con la defensa propia y la ajena deshechas era mejor devolver goles que evitarlos mantuvo su tridente y le cambió el registro a Valverde al ponerle de insólito lateral derecho. Jugadores con sus pulmones lo admiten casi todo. Hasta plantarse en la cara de Mané, que conoció tiempos mejores.

Klopp, al que no le gustaron de Madrid ni Valdebebas ni el árbitro (y si le dan un minuto más de micrófono dispara al Retiro y al Museo del Prado), estuvo en las mismas. Insistió en los poco fiables centrales interinos para mantener a Fabinho en el corazón del equipo y entendió que la competición exige oficio (bien lo sabe el Madrid), el de Milner y Firmino, dos boinas verdes.

La carga ‘red’

El Liverpool es un equipo sin preámbulos, que ordena la carga de la caballería desde la secuencia de apertura hasta los títulos de crédito. Y traía en la cabeza el manual de la remontada: la primera entrada (brutal, de Milner a Benzema), el primer disparo (a quemarropa, de Salah, a los pies de Courtois), el primer córner…

Al Madrid le costó muletear esa primera embestida. Courtois le sacó un segundo gran remate a Milner y Mané, jugador relámpago, le dio un mal estreno a Valverde. Fue hasta que los centrocampistas blancos, el mejor activo del equipo, salieron a escena y aplacaron el temporal con posesiones largas, que tienen un efecto refrigerante. Pero le costó ir más allá, amenazar, probar a Alisson, asustar a los centrales de Klopp. Fue un manoseo de la pelota sin darle una preocupación al Liverpool hasta la irrupción de Benzema, que con el único auxilio de su ciencia fue inventando recortes en el área hasta estrellar su disparo en el palo. El francés se siente capaz de todo. Fue la primera vez que el Madrid dejó de mirar el reloj para mirar a Alisson.

El Liverpool, sin la pelota, perdió el factor sorpresa, más allá del revoloteo permanente de Salah, su único volcán verdaderamente activo, y de esa facilidad para penalizar las pérdidas del rival. Ese punto, mitad estratégico mitad emocional, fue la gran aportación de Klopp para el despegue de un equipo con un largo declive en la mochila. En el juego posicional, sin embargo, es menos ocurrente.

Con todo, camino del descanso, retomó el estruendo de los primeros minutos, pisó el área y tuvo dos buenas ocasiones, erradas por Salah y Wijnaldum. El Madrid, en esa primera parte estuvo sobresaliente en temple y cerca del suspenso en las llegadas, que resultan siempre disuasorias cuando el enemigo aprieta. Así que se vio moderadamente aculado en la portería de Courtois.

La resistencia

Ese progresivo cautiverio del Madrid se acentuó a la vuelta de vestuario, cuando el Liverpool le metió más nervio a su presión. En tres minutos, Firmino tuvo dos buenas opciones dentro del área. Courtois le tapó un primer disparo y metió después mal la cabeza a un centro desde la derecha. Echó de menos en esa acometida el rugido de Anfield, una grada que hasta remata córners.

Cuando amainó por segunda vez, Klopp buscó la agitación en el banquillo. Thiago, para mejorar el riego; Diogo Jota por un central para acobardar al Madrid, con Fabinho en el eje de la zaga. A Zidane no le quedaba demasiado para responder y mantuvo a su fatigado once, que sólo había amenazado con una llegada de Mendy, cuyo centro, en medio de una marea roja, no llegó a un Benzema que ya se relamía, y con un esprint que ganó Vinicius, al que un control largo de cabeza le dejó sin opciones para la vaselina sobre Alisson.

El Madrid se excedía en su contención y a menudo se vio en un lío con esa defensa de acumulación casi en área propia. Corría el equipo de Zidane el riesgo de verse abatido por una bala perdida. De dos le salvó Militao, otra vez impecable, como Nacho.

El técnico francés vio otra vez al equipo al límite. Kroos sacó bandera blanca y no le quedó ya otro remedio que meter a Odriozola. También se marchó Vinicius, que no encontró por donde colarse.

Con todo perdido, el Liverpool ya no miró a su espalda y el Madrid tuvo hasta la victoria en un cabezazo franco de Benzema, que pifió al picarlo, pero el partido se quedó a cero. El número perfecto para un Madrid levantado de atrás hacia adelante. Empezando por el mejor Courtois y acabando por Zidane, al que el tiempo convertirá en eterno.

Benzema no se entrena y es baja segura ante el Valladolid

La enfermería del Real Madrid no deja de recibir nuevos inquilinos. El último es Karim Benzema. El francés no saltó al césped de Valdebebas junto al resto de los jugadores disponibles, por lo que atendiendo a la regla de Zidane, no viajará para estar mañana en el José Zorrilla contra el Valladolid.

El club no ha informado aún oficialmente de cual es la dolencia o molestia que puede sufrir el nueve madridista, pero las primeras informaciones indican que en estos momentos peligra también su viaje a Bérgamo. Hay que recordar que el pasado domingo contra el Valencia jugó buena parte del partido con un tobillo tocado por una acción en la que sufrió un golpe de Thierry Correia.

Sin Karim, otro revés para Zidane, que tendrá que ir a Pucela con la nómina de atacantes de muy mermada. Tampoco siguen sin estar listos ni Hazard ni Rodrygo. A ellos se suman Ramos, Militao, Valverde, Marcelo y Odriozola. Por lo que el único nueve disponible en estos momentos es Mariano y se abre la posibilidad de que entre en la lista Hugo Duro, el pichichi del Castilla y un futbolista al que ya ha citado antes Zizou aunque no le hizo debutar de manera oficial.

Medio Madrid es suficiente

Primer apunte: la mitad del Madrid es mucho mejor que todo el Getafe. Segundo: Marcelo, con tres centrales, aún está en buen uso. Tercero: no hay peligro de cantericidio por darle cancha a los jóvenes. Esas conclusiones quedaron en un partido en el que el equipo de Zidane se dio por aludido con el empate del Celta en el Wanda y tejió con paciencia e inteligencia su victoria. Este largometraje tuvo menos suspense de lo habitual por su trabajo y por el derrumbe del Getafe, hace tiempo dentista y hoy sin dientes.

Hubo un tiempo no tan lejano en que Isco fue alguien en la Selección. Y en el Madrid llegó sentar a Bale, esa cepa británica que mutó a inofensiva demasiado pronto, cuando Zidane aún se atrevía a hablar de innegociables. Ahora es farolillo rojo. Con nueve ausentes y Odegaard en Londres, Zidane le puso por delante a Marvin, como le había puesto por delante a Arribas ante el Mönchengladbach o el Levante. Su suplencia de este martes le cuelga el cartel de caso perdido. Y es que para evitarle tuvo que dar un paso más en su reciente papel de arreglista: Mendy de central izquierdo en una línea de tres con Nacho y Varane; Marcelo, de carrilero; Modric, de pivote, Asensio, de mediapunta… Una sacudida en toda regla.

Un Getafe clásico… y fallido

El Getafe, en cambio, regresó a su vieja fórmula, ese 4-4-2 que tanto molestaba al de enfrente. Su partido es que el rival no tenga partido. Y ahí sobraban Kubo y Aleñá. Así que el Getafe se volvió clásico sin conseguirlo. No le va hacerse el simpático; presiona, incordia, aburre y en sus buenos días mata con dos buenos puntas. Esta vez ni eso. Ese plan ha pinchado ante los grandes porque para escapar de él se necesitan futbolistas de un pie muy fino y entre los equipos alfa abundan. Y tampoco ha colado esta temporada ante otros de menor tamaño porque falla el segundo acto: meter goles.

La conclusión es que ni Madrid ni Getafe están a la altura de sus mejores días. El equipo de Zidane huye de los espacios, se repite en el juego al pie, no le da marcha a los partidos. Queda la sensación de que está demasiado visto, de que a este ritmo su recorrido será corto. Así que pone casi todo el foco en el balón parado. Ahí encontró sus dos primeras oportunidades: una pelota perdida en el área de esas que siempre buscan a Casemiro y un cabezazo de Benzema en un córner. El brasileño desaprovechó su magnetismo en la zona con un disparo a la décima fila de asientos y el francés topó con el larguero, del que se ha hecho íntimo enemigo.

Y mientras, el Getafe, de salida, incumplió sus dos grandes mandamientos: robar muy arriba y hacer de la segunda jugada su primera jugada. Pero sumando las imperfecciones de uno y otro estuvo muy por encima el Madrid. Marcelo, con gente a su espalda, vive más tranquilo y se suelta. Y Modric no está investigado en el proceso: sigue jugando como cuando levantó el Balón de Oro. También él tuvo el gol, en un remate sin oposición desde el borde del área que rechazó, en postura estrafalaria, David Soria con una rodilla.

A otros no les fue tan bien en la primera parte. Vinicius es tigre enjaulado, Benzema resulta demasiado esporádico y Asensio baja a menudo el volumen en muchas fases del partido.

El Getafe no pasó de bachear el encuentro en campo propio sin la agresividad de otros tiempos, se sintió extraño ante el cambio de dibujo del Madrid y no tuvo ninguna presencia ante Courtois en los primeros 45 minutos. Fue un equipo resistente en el peor sentido del término: ultradefensivo y sin respuesta.

Lluvia y goles

El descanso cambió el clima (llovió con ganas) pero no el paisaje. El Madrid siguió encogiendo al Getafe y perdiendo ocasiones. La primera de Benzema, cuyo remate sin oposición sacó con mano rápida David Soria. Así, al equipo de Zidane no le convenía al resultado ni al de Bordalás la dinámica. El Getafe cargó munición con Kubo, Aleña y Mata, sus dos fichajes de invierno y su nueve de gala. El Madrid cambió canterano por canterano, Arribas por Marvin, que no son lo mismo. Isco lo contempló con el cuerpo y la moral congelados en la grada. Más fantasía, menos velocidad y un papel nuevo para Vinicius: carrilero derecho. Una decisión de riesgo máximo con un buen principio. El primer centro del brasileño desde su nueva finca lo mandó a la red Benzema con la cabeza, la mejor arma ahora mismo de un compositor concienciado como rematador. El chollo que se prometía Cucurella acababa siendo la llave maestra del Madrid.

Aún quedaban por ver más fenómenos paranormales. Arribas, que lo primero que hizo en su debut europeo fue tirarle un caño a un defensa del Gladbach, abrió a Marcelo en la izquierda y su centro al primer palo lo remató como un ariete… ¡Mendy! Extrañan ya pocas cosas en un equipo tan golpeado por las lesiones que ha tenido cinco laterales en poco más de cuatro meses. Sólo entonces, con el partido archivado, entró Isco. Sus días parecen contados. Tiene sólo 28 años y su magia blanca se ha vuelto negra.