Benzema vale lo que el Chelsea

Todo fue lo que parecía. El Chelsea, un hueso. El Madrid, Benzema y diez más. La Champions, un mal sitio para meter la pata. Makkelie, un árbitro al servicio de sí mismo y no de quien le puso en Valdebebas. Y la eliminatoria, un thriller que se resolverá en Londres. La gran virtud del Madrid en esta competición que fundó y que explica sus trece copas radica tanto en su capacidad para aprovechar el viento de cola como para sortear tempestades. Una se le vino encima en la primera mitad y salió vivo de ella. Y luego restableció un equilibrio que espera romper en Stamford Bridge. Le costará.

Atendiendo a la estadística reciente de los dos terraplanistas (uno, el Chelsea, arrepentido como Galileo; otro, el Madrid, persistente) se anunciaba el desfile de una columna de blindados. Atendiendo a las alineaciones, también. Zidane se fue a los tres centrales, que ahora es mal menor por varias razones. La principal, que el séquito de Benzema en ataque está muy lejos de aquellos tiempos de la BBC, un bombardero que no miraba a retaguardia y que justificaba de sobra esa juerga loca del 4-3-3. Pero es que además a Zidane, aunque tarde, se le ha aparecido el banquillo con el renacimiento de Nacho y Militao (excelente otra vez), más Marcelo, que con la red de un central de más aún tiene recorrido y el plus de la experiencia en una competición que él y el Madrid traducen como nadie.

Tuchel tampoco tocó nada. Le ha ido bien con ese 3-4-2-1 que amuralla al equipo por el centro con Kanté y Jorginho, un cerrojo de doble vuelta, y sin su fichaje estrella, Havertz, que aún debe coger ese punto canalla que tiene la Premier. El partido, en cualquier caso, tuvo más marcha de la prevista. El furgón blindado pasó de largo.

La manada azul

El Chelsea es un equipo de enorme exuberancia física para el que cualquier zona del campo es aprovechable. Con y sin balón. Más incluso sin balón. Así que, presumiendo de vigor extremo, se fue a buscar al Madrid allá donde estuviese. A por los centrales, a por los laterales, a por Casemiro, a por los constructores. Aquella manada azul resultó un verdadero incordio para el equipo de Zidane. Más con un árbitro, Makkelie, muy permisivo con los contacto.

El Chelsea de Tuchel es un experto en penalizar la pérdida ajena. Pudo hacerlo pronto, en una llegada de Mount, con dejada de Pulisic de cabeza y remate de Werner a tres metros de la línea de gol. Courtois sacó un pie por reflejos y evitó un gol seguro. Aquello no acabó con el dominio del Chelsea, un equipo de extraordinaria agresividad y un ritmo muy superior al de este Madrid exhausto. Así que antes del cuarto de hora repetiría. Pulisic encontró la espalda de los centrales en un envío de Rüdiger, sorteó con paciencia a Courtois y marcó entre los centrales del Madrid, que esperaban sobre la línea lo inevitable. El equipo de Zidane defendió mal la acción de principio a fin.

Pulisic se prepara para batir a Courtois.

Sólo pareció vulnerable el Chelsea a la velocidad atropellada de Vinicius, poco aprovechada, y al duende de Benzema, que ha aprendido, a la fuerza, a vivir en soledad. Sin más ayuda que la de su ingenio se inventó un zurdazo al palo para proclamar que el Madrid existía. Mientras, a Modric, Casemiro y Kroos el partido les pasaba por encima. Su motor no estaba al alcance del correcaminos Kanté, de Jorginho o del diabólico Mount, un cuchillo con espacio por delante.

Y en este escenario de máxima adversidad empató el Madrid. Un centro de Marcelo pasó por las cabezas de Casemiro y Militao hasta llegar a Benzema, que salió del trance con dos acrobacias: un control de testa y una volea tremenda. Era un jugador contra el mundo. El gol del francés y la lluvia incesante le bajaron la temperatura al Chelsea hasta el descanso sobre un césped de cristal.

Con esta volea batió Benzema a Mendy.

La igualdad

El inicio de la segunda mitad estuvo más cerca de los pronósticos. El Madrid encogió la distancia entre líneas y pareció protegerse mejor, y el Chelsea ya no encontró tantas puertas por donde colarse. Quedó la impresión de que uno y otro concluyeron que la batalla va a ser larga y que cualquier riesgo de más es innecesario. Un partido con menos ruido jugaba a favor del que tenía menos ritmo, claramente el Madrid.

En ese periodo de encalmada pintaba poco Vinicius y Zidane se echó en brazos de Hazard, ese convaleciente eterno que hace casi dos años llegó para patronear al equipo. Tuchel, consciente de que el partido ya sonaba a bolero, cambió a un futbolista por línea sin más pretensión que volver a poner en marcha aquel motor de gran cubicaje. Esa situación de equilibrio ya le parecía un éxito al Madrid, consciente de que en la primera parte se había visto desbordado.

A un cuarto de hora del final, los laterales del Madrid sacaron bandera blanca y a Zidane, que ya no tenía más, no le quedó otra que colocar a Asensio como carrilero zurdo. Los cambios revitalizaron al Madrid con algunos detalles esperanzadores de Hazard. Quizá por ahí, por el lado más inesperado, esté su billete a Estambul.

Pasillo hacia LaLiga

EI nuevo Barcelona, ese equipo que en diciembre parecía perdido y que el sábado ganó la Copa del Rey y el domingo vio como el empate del Real Madrid volvía a poner la posibilidad de ganar LaLiga en sus manos empieza su carrera de ocho partidos hacia el doblete en el Camp Nou esta noche (22 horas Movistar LaLiga) ante el Getafe. Precisamente, el equipo madrileño es el que, con su empate en el Coliseum ha propiciado que el Barça se reenganchara a la opción de ganar el campeonato de la regularidad .

Tras ganar la Copa el sábado, el Barcelona tuvo dos días libres y llega al primer partido de su mini campeonato de Liga de ocho partidos con la moral desatada y las piernas frescas, según confesó su entrenador, Ronald Koeman, en la previa del partido.

No obstante, a nadie se le olvida que a lo largo de esta temporada el Barcelona se ha quedado demasiadas veces a un palmo de la gloria. Y normalmente, los chascos en el Barça llegan ante equipos insospechados, de un perfil muy parecido al del Getafe. Por eso mismo Koeman avisaba de que la cuestión principal para el partido de esta noche es la de la mentalización. Por lo que se sabe de la caseta blaugrana, la ambición es máxima para tratar de alcanzar un doblete que hasta hace sólo tres meses se adivinaba como una quimera.

Como que Koeman ya ha dejado claro que no es amigo de tocar lo que funciona, y el partido del sábado en Sevilla funcionó como un reloj, lo más probable es que se repita equipo respecto al que alzó el título de Copa con la incógnita de Piqué, que reapareció en la final sin estar del todo recuperado.

En el Getafe, en cambio, se esperan rotaciones. El punto ante el Madrid supo a gloria, pero preocupa más el duelo del fin de semana ante el Huesca en El Alcoraz, donde el equipo de Bordalás, que está a cuatro puntos de la zona de descenso, se jugará mucho, aunque la intensidad es una característica innegociable en el Getafe.

Sólo importa el Huesca

El Atlético no vive una semana tranquila. Parece imposible. El equipo de Simeone goleó al Eibar y tomó aire después de unas jornadas donde lo pasó mal: ganó con susto al Alavés; perdió ante el Sevilla y empató con el Betis. El 5-0 vino a tranquilizar a una plantilla ansiosa por retomar la senda de los triunfos. Pero todo lo sucedido con la Superliga ha sacado de foco el liderato del Atlético, que vuelve a sentirse fuerte para reconquistarlo tras el triunfo del Madrid. Y, además, Simeone ve cerca la recuperación de sus cracks: Luis Suárez está de vuelta, aunque no jugará. Su retorno será en Bilbao, como el de João Félix y Lemar.

El Atleti afronta un duelo similar al anterior, ahora ante un Huesca que también lucha por no descender. Los números dicen que los rojiblancos deberían ganar con relativa facilidad, pero los de Pacheta se la juegan y a falta de siete jornadas no hay rival menor. Uno persigue el título, el otro no bajar. La principal preocupación del Atlético es que todos los sentidos estén puestos en el choque y no en lo que pudo ser y no será con el proyecto de la Superliga. Huesca, Huesca y Huesca es lo que más se ha escuchado por Majadahonda.

Simeone parece que repetirá once. Al equipo le volvió a costar entrar en juego ante el Eibar, pero apareció Correa y se disiparon los males. Renacido el argentino, también Llorente, en un buen nivel Carrasco y con Herrera dispuesto a reclamar su puesto, el Atlético quiere otra tarde feliz en el Wanda Metropolitano. Otra fiesta con ratos de buen fútbol y goles. Una victoria propiciará que siga líder y van pasando las jornadas…

Rafa Mir, la gran baza del Huesca

El Huesca, por su parte, recupera efectivos también. Su lucha por salvarse es encomiable y el partido es una final. Da igual que toque el Metropolitano. No es el mejor sitio para puntuar, pero todo eso importa hoy poco. Dos triunfos (Valladolid y Levante), seis empates y ocho derrotas es su balance a domicilio.

En la ida el equipo del Cholo no pasó del 0-0. Tiró por la borda buena parte del partido y en la recta final mereció ganar, pero no estuvo fino de cara a portería. Rafa Mir, delantero del Huesca, ha sonado para el Atlético, uno de esos futbolistas que no tienen gran nombre, pero cuyo rendimiento está fuera de toda duda. Pacheta vuelve a tener a Gastón Silva, no aún a Ontiveros y prepara algunas rotaciones. El Atlético sabe que no puede dejar escapar estos tres puntos.

Benzema trae luz al Madrid

Valga el chiste fácil: Liga a falta de Superliga. En eso sigue el Madrid, que pende de un hilo por su desventaja y por la merma evidente de su plantilla, pero que va cargado de plutonio: Benzema, un jugador bueno y bonito a partes iguales. En el Carranza dejó dos goles, una asistencia y esa capacidad para apretar el botón nuclear que tenía Cristiano, independientemente de si el equipo mandaba o sufía. En el Carranza el Madrid mandó mucho y se acostó líder. El Cádiz, que era granito, se evaporó con un soplido.

Hace tiempo que, por un coronavirus de más, un psoas maltrecho o un sóleo traidor, las alineaciones del Madrid son un Frankenstein. Lo fue la de Getafe, con cinco mediapuntas y ningún mediocentro, producto de que los presidentes se enamoran de los primeros hasta convertirlos en una especie invasora en las plantillas y recelan de gastar dinero en los segundos. Y lo fue la de Cádiz, con un envase innovador. Un 3-4-3 explicable. Zidane no va ni a la esquina con Odriozola y Marcelo, laterales con mucha ida y poca vuelta, sin la escolta de tres centrales. Esta vez los tenía y los puso. Y dobló el eje con el canterano Blanco para darse el gusto de jugar con extremos. Multiplicar las bandas es medicina tradicional para defensas cerradas. Pero lo que realmente cambió al Madrid del Coliseum al Carranza fue Benzema, que es una caja registradora. Ahora mismo se siente capaz de todo, solo o acompañado.

El Cádiz, en cambio, es un equipo de responder antes que proponer. Ahí no cabe el carnaval. De hecho, Álvaro Cervera no se oculta como apóstol del otro fútbol, que en esto la verdad está muy repartida. Confiesa que es por necesidad, pero no reniega de ello. Y le ha ido bien. Tomó al Cádiz en Segunda B, le dieron tiempo, lo ascendió el pasado verano, lo tiene casi salvado y ha resultado muy poco masticable para los grandes. Esta vez compareció muy demacrado. Cometió un penalti prescindible y se deshizo después ante ese Madrid recompuesto que le atropelló sin pasar de tercera.

Un penalti de punto final

El partido comenzó muy al gusto del Cádiz, lejos de las áreas, repleto de minutos intrascendentes y con Negredo en el centro de la escena. Aún tiene muchos registros: el juego de espaldas, el toque para encontrar las bandas, un buen desborde en corto. Tuvo color amarillo lo primero con apariencia de vistoso: un remate demasiado cruzado de Jonsson y otro sin potencia de Jairo. Pan comido para Courtois. Hasta en posesión se puso el Cádiz a la altura de un Madrid sin Kroos ni Modric, las neuronas del equipo. Quizá el partido pedía a Isco, pero sigue en riesgo de exclusión, enmohecido por falta de minutos. Y a pesar de salir con cinco brasileños, el equipo de Zidane fantaseó muy poco de salida.

El Madrid compareció antes en el VAR que frente a Ledesma. Aún andaba Rodrygo quejándose de un agarroncín (jugada gris tirando a blanca) de Jairo cuando Iza Carcelén pisó a Vinicius tan involuntaria como claramente en el área. Se le fue a Mateu pero no a De Burgos, en su burbuja, y Benzema decidió la suerte del partido. No sólo por transformar el penalti, el primero que le pitan al Madrid desde octubre (el famoso de Lenglet a Ramos en el Camp Nou), sino porque seis minutos más tarde, en su faceta de cantautor, sacó un gran pase al segundo palo que cabeceó Odriozola a la red a dos metros de puerta. Su sitio está claramente al otro lado de la frontera. Y el francés remató la faena de cabeza, otro de los instrumentos que toca, a centro de Casemiro, antes del descanso. Antes era violín. Ahora, violín y tambor.

Polifacético Casemiro

Como tantas veces, al Madrid le llegó el gol antes que las musas, auxiliado por la torpeza del Cádiz en la salida de la pelota. Y hasta los tantos, sus mejores jugadores estaban al otro lado del campo: Nacho, en su habitual papel de central impecable; Blanco, que puede ser uno de esos canteranos que hacen plantilla en un puesto donde cuesta fichar, y Casemiro, el espalda plateada cuando no está Ramos. Doctorado como mediocentro, oposita como mediapunta.

La mitad que restaba resultó muy poco emocional. Álvaro Cervera cambió a cuatro en el descanso. Debieron parecerle pocos. Volantazos así son una bronca de obra y no de palabra: Fali de mediocentro, dos puntas, un lateral derecho (Akapo) más activo. Una reforma total para salvar el honor. Los puntos ya eran un imposible. Y el Madrid dejó de jugar contra el Cádiz para hacerlo contra Betis y Chelsea. Volvió Carvajal, que sólo ha jugado tres partidos en 2021 y que forma parte de la guardia personal del francés, y Asensio e Isco refrescaron el equipo. Benzema se quedó aún un ratito más porque se estaba dando un gustazo que Zidane no quiso interrumpir, aunque la prudencia aconsejaba otra cosa.

El final fue plomizo. Zidane probó a Miguel Gutiérrez por si se extiende la plaga y Mariano dejó una gran maniobra y un mal remate en una jugada previamente anulada por fuera de juego. En cambio, Blanco aprovechó hasta el hueso su partido. Ahí el Madrid está tieso, se abre un hueco y el canterano se lanzó de cabeza a por él.

Una cuestión de fe

El Granada ha convertido el intento de remontada en Old Trafford en una cuestión de fe. Los mensajes en ese sentido se han repetido durante toda la semana en Los Cármenes. Diego Martínez, Soldado, Gonalons… Todos reconocen que la dificultad será máxima, pero mantienen la ilusión y el convencimiento de que, aunque sean muy escasas, existen opciones de alcanzar el milagro y estar en semifinales de la Europa League.

La semana dejó una victoria en Valladolid (1-2) con remontada incluida que alimentó la confianza rojiblanca y recargó el depósito de la autoestima nazarí. También han aparecido estos días nuevos problemas físicos. Especialmente preocupante es el estado de Kenedy, que se lesionó el tobillo en la ida y cuya presencia sobre el césped estará en el aire hasta última hora. En el caso de Machís, sus molestias son menores y salvo sorpresa no tendrá problemas para ser de la partida esta noche.

El Granada necesita una victoria por dos goles en Old Trafford para lograr el pase o, como mínimo, forzar la prórroga. El reto, a priori, se presume extraordinario. Pero ha sido a base de escalar montañas gigantescas como el equipo de Diego Martínez ha firmado las dos temporadas más gloriosas en sus 90 años de historia.

La cita es histórica y por ello el técnico gallego se ha llevado a toda la plantilla al completo, incluidos los no inscritos (Quini, Fede Vico, Adrián Marín y Quina), salvo a los lesionados Milla y Duarte. Soro, que ha vuelto a entrenar con el grupo esta semana después de un largo periodo de baja, podría estar en el banquillo por si su concurso se hace necesario.

Solskjaer tiene varias bajas importantes como las de Maguire, McTominay, Shaw o Martial y, aunque volverá a tirar de muchos titulares, tiene a Rashford entre algodones. El ’10’ del United, con más de 3.500 minutos en sus piernas, arrastra molestias y es duda. Diego saldrá con el mejor once posible y con la fe por bandera. El Granada, una vez más, se resiste a hablar de imposibles.

Claves

Portería: Solskjaer ha cambiado de planes con De Gea, que ha cedido su puesto a Henderson en la Premier League y ha pasado a ser el portero titular en la Europa League.

Confianza: La victoria en Valladolid ha revitalizado el ánimo del Granada, que viajó con confianza y apelando a su orgullo para tratar de pelear el pase a semifinales.

Greenwood: Llega a este partido en un gran momento. Hizo un gol y dio una asistencia este fin de semana contra el Tottenham en los 20 minutos que estuvo sobre el terreno de juego.

Nivel defensivo: El Granada apenas concedió dos ocasiones en la ida y encajó dos goles. Reducir al mínimo las prestaciones ofensivas del United se antoja indispensable para tener alguna opción.

Ases a seguir

Pogba: Lleva tiempo lejos de su mejor nivel y en Los Cármenes hizo un partido gris. Aun así, es indiscutible para Solskjaer.

Machís: Estuvo a muy buen nivel en Valladolid. El Granada tiene en su velocidad y desequilibrio una de sus mejores armas.

Altas y bajas

En el United son baja McTominay, Maguire, Shaw, Martial, Phil Jones y Bailly.

Por el Granada se lo pierden Milla, Duarte y Eteki. Kenedy y Soro están entre algodones.

Con Gerard y sin confianzas

Bajonazo o felicidad. El Villarreal está a un solo paso, con todo a favor, de meterse por quinta vez en unas semifinales europeas que, con todo el dolor del mundo, jamás desembocaron en la ansiada final. En la temporada 2003-04 cayó ante el Valencia en la antigua UEFA; en la 2005-06 se inmoló en Champions ante el Arsenal; en la 2010-11, ya en la Europa League, cedió con el Oporto; y por último, en la 2015-16, fue víctima del Liverpool de Klopp. Ahora, con el 0-1 de Zagreb y el regreso a la titularidad de Gerard y otros pilares, después del día de permiso en casa ante Osasuna (1-2), le esperarían en la antesala de la final Arsenal o Slavia de Praga.

No será sencillo. El Dinamo está repleto de juventud e internacionales. Líder en su país, tiene buena relación con la presión y, cuando todo parece perdido, es cuando da su mejor versión. Pregúntenle a Mourinho. Lejos de su estadio ha conseguido diez resultados con los que remontaría la eliminatoria y otros dos que la llevarían a la prórroga. Llega a Vila-real con varios tocados, pero también con la euforia de que en su liga continúan imparables (victoria 0-2 el pasado domingo).

Emery no quiere confianzas, así que tirará de su mejor once. En él, Foyth ya parece fijo, juegue de lo que juegue. En la alineación también tiene casi todas las papeletas de aparecer Bacca, que le ha ganado el puesto a Alcácer como hizo Chukwueze con Moi. Con LaLiga complicada, donde el Villarreal es séptimo a 15 puntos del Sevilla (cuarto) y con siete de ventaja respecto al Granada (octavo), la plantilla sabe que el camino más rápido para sonreír en verano es cerrar los cuartos, ajustar cuentas en semifinales y alzar el primer título. Jugar la Champions la temporada que viene es un premio proporcional al valor de esta plantilla. Ya cunde la habituación a la Europa League y la Conference League da pereza.

Resistir también es ganar

El Real Madrid, que tiene el acta fundacional de la Champions, conoce mejor que nadie las mil maneras de llevarla hasta su museo. Por eso tiene trece. En Anfield adoptó el modo supervivencia, con algún mal rato pero sin verse sometido a un agobio feroz. No hay gran trofeo que no obligue a pasar en algún momento por cuidados intensivos. Esta vez el Madrid jugó con el tiempo, la ansiedad de un Liverpool venido a menos, la confianza de quien conoce el oficio y dos centrales que no parecieron suplentes. Y, así, sin la solemnidad de otros tiempos, se ve de nuevo en semifinales, un territorio que hace tres meses le parecía Marte.

Visto el once, cabe deducir que Zidane no le tuvo miedo a Anfield, o al esqueleto de Anfield, por ser exactos, pero sí a Odriozola. Hace tiempo que el Madrid tiene dos plantillas: una formal, amplia, en la que están todos los que cobran, y otra real, corta, a la que el técnico confía su vida (o las vidas de cien gatos, que son las que ha consumido en cinco años). Odriozola, al que le cuesta fingir que es un extremo mal reconvertido, sólo figura en la primera. Sus 47 minutos en dos meses con el lateral derecho titular lesionado son prueba irrefutable. Y como Zidane entendió que con la defensa propia y la ajena deshechas era mejor devolver goles que evitarlos mantuvo su tridente y le cambió el registro a Valverde al ponerle de insólito lateral derecho. Jugadores con sus pulmones lo admiten casi todo. Hasta plantarse en la cara de Mané, que conoció tiempos mejores.

Klopp, al que no le gustaron de Madrid ni Valdebebas ni el árbitro (y si le dan un minuto más de micrófono dispara al Retiro y al Museo del Prado), estuvo en las mismas. Insistió en los poco fiables centrales interinos para mantener a Fabinho en el corazón del equipo y entendió que la competición exige oficio (bien lo sabe el Madrid), el de Milner y Firmino, dos boinas verdes.

La carga ‘red’

El Liverpool es un equipo sin preámbulos, que ordena la carga de la caballería desde la secuencia de apertura hasta los títulos de crédito. Y traía en la cabeza el manual de la remontada: la primera entrada (brutal, de Milner a Benzema), el primer disparo (a quemarropa, de Salah, a los pies de Courtois), el primer córner…

Al Madrid le costó muletear esa primera embestida. Courtois le sacó un segundo gran remate a Milner y Mané, jugador relámpago, le dio un mal estreno a Valverde. Fue hasta que los centrocampistas blancos, el mejor activo del equipo, salieron a escena y aplacaron el temporal con posesiones largas, que tienen un efecto refrigerante. Pero le costó ir más allá, amenazar, probar a Alisson, asustar a los centrales de Klopp. Fue un manoseo de la pelota sin darle una preocupación al Liverpool hasta la irrupción de Benzema, que con el único auxilio de su ciencia fue inventando recortes en el área hasta estrellar su disparo en el palo. El francés se siente capaz de todo. Fue la primera vez que el Madrid dejó de mirar el reloj para mirar a Alisson.

El Liverpool, sin la pelota, perdió el factor sorpresa, más allá del revoloteo permanente de Salah, su único volcán verdaderamente activo, y de esa facilidad para penalizar las pérdidas del rival. Ese punto, mitad estratégico mitad emocional, fue la gran aportación de Klopp para el despegue de un equipo con un largo declive en la mochila. En el juego posicional, sin embargo, es menos ocurrente.

Con todo, camino del descanso, retomó el estruendo de los primeros minutos, pisó el área y tuvo dos buenas ocasiones, erradas por Salah y Wijnaldum. El Madrid, en esa primera parte estuvo sobresaliente en temple y cerca del suspenso en las llegadas, que resultan siempre disuasorias cuando el enemigo aprieta. Así que se vio moderadamente aculado en la portería de Courtois.

La resistencia

Ese progresivo cautiverio del Madrid se acentuó a la vuelta de vestuario, cuando el Liverpool le metió más nervio a su presión. En tres minutos, Firmino tuvo dos buenas opciones dentro del área. Courtois le tapó un primer disparo y metió después mal la cabeza a un centro desde la derecha. Echó de menos en esa acometida el rugido de Anfield, una grada que hasta remata córners.

Cuando amainó por segunda vez, Klopp buscó la agitación en el banquillo. Thiago, para mejorar el riego; Diogo Jota por un central para acobardar al Madrid, con Fabinho en el eje de la zaga. A Zidane no le quedaba demasiado para responder y mantuvo a su fatigado once, que sólo había amenazado con una llegada de Mendy, cuyo centro, en medio de una marea roja, no llegó a un Benzema que ya se relamía, y con un esprint que ganó Vinicius, al que un control largo de cabeza le dejó sin opciones para la vaselina sobre Alisson.

El Madrid se excedía en su contención y a menudo se vio en un lío con esa defensa de acumulación casi en área propia. Corría el equipo de Zidane el riesgo de verse abatido por una bala perdida. De dos le salvó Militao, otra vez impecable, como Nacho.

El técnico francés vio otra vez al equipo al límite. Kroos sacó bandera blanca y no le quedó ya otro remedio que meter a Odriozola. También se marchó Vinicius, que no encontró por donde colarse.

Con todo perdido, el Liverpool ya no miró a su espalda y el Madrid tuvo hasta la victoria en un cabezazo franco de Benzema, que pifió al picarlo, pero el partido se quedó a cero. El número perfecto para un Madrid levantado de atrás hacia adelante. Empezando por el mejor Courtois y acabando por Zidane, al que el tiempo convertirá en eterno.

Dembélé, límite Eurocopa

El dilema sobre la continuidad de Ousmane Dembélé tiene fecha límite: la Eurocopa de este verano. El Barcelona ofrecerá al extremo francés, según informaba Sport, una renovación contractual por tres años que el futbolista debe firmar antes de la celebración de la Eurocopa. Si no hay acuerdo, el club blaugrana escuchará ofertas por el jugador que acaba contrato el 30 de junio del 2021. Para la nueva junta de Laporta tan importante es la continuidad de Ousmane como que no se vaya dentro de un año con la carta de libertad sin dejar ni un euro.

Dembélé llegó al Barcelona hace cuatro temporadas para cubrir a salida de Neymar al París Saint-Germain. Fichó procedente del Borussia Dortmund a cambio de 105 millones de euros más otros 40 en variables. Castigado por las lesiones, su paso por el Barcelona no cumplió las expectativas aunque este curso se ha destapado como un jugador clave para Ronald Koeman, hecho que le ha permitido volver a a selección francesa.

Su buena campaña no ha pasado desapercibida para diversos equipos de la talla de Juventus o Manchester United, que por cierto ya hizo una aproximación muy seria a su fichaje el verano pasado. En Francia también se especula con que Ousmane podría ser objetivo del PSG en caso de que Neymar decidiese no renovar por el conjunto francés.

El Barça, en principio, es reacio a vender al extremo. Tanto Koeman, como Laporta y la secretaría técnica le consideran una pieza de un gran potencial, pero el problema está en que su contrato expira el año que viene, cuando podría irse gratis del Barcelona.

Debate instalado

Las finanzas del club no están como para dejar ir a uno de los pocos futbolistas que tiene un valor de mercado que podría ayudar a la maltrecha economía blaugrana. Así que se ha desatado en el club un debate entre el interés deportivo de contar con Dembélé y el económico de venderle.

Pero cualquier escenario pasa por una decisión que no se puede demorar más allá de la Eurocopa de este verano. Si el francés no acepta la oferta de renovación del Barça antes del torneo de selecciones, el Barça priorizará su venta para tratar de hacer caja antes de que se marche gratis.

Baviera anuncia «resistencia» si la UEFA quiere estadios llenos en la Eurocopa

El primer ministro de Baviera, el conservador Markus Söder, expresó este miércoles su escepticismo ante la posibilidad de que Múnich deba acoger los partidos de la Eurocopa con mucho público en el estadio y anunció «resistencia» en caso de que así lo imponga la UEFA.

«Sinceramente, ahora mismo no me puedo imaginar tener que maniobrar con mucho público«, indicó Söder, en declaraciones a la cadena privada RTL-ntv.

El estadio del Bayern Múnich acogerá tres partidos de la fase de grupos de la selección alemana -contra Francia, contra Portugal y contra Hungría-, además de uno de cuartos de final.

En caso de que la UEFA exija que se disputen con un número abultado de asistentes, «deberá afrontar una fuerte resistencia del gobierno alemán», señaló Söder.

Söder ha seguido hasta ahora una línea de máxima cautela ante el coronavirus y en Baviera se han aplicado con rigor las restricciones impuestas a la vida pública para frenar los contagios.

Desde noviembre están cerrados en toda Alemania la restauración, el ocio y la cultura, situación a la que se sumó en diciembre el comercio no esencial. No hay una hoja de ruta para la desescalada de estas restricciones.

Hasta ahora, un 12,7 % de la población alemana ha recibido la primera dosis de la vacuna, mientras que un 5,5 % de los ciudadanos recibieron también la segunda.

La incidencia semanal acumulada está en 124 casos por 100.000 habitantes. A partir de los 100 casos se considera que deben activarse medidas especiales para frenar la expansión de la COVID-19.

Oferta a la baja a Eric García

Eric García sigue siendo una prioridad para la nueva presidencia del Barcelona. Un refuerzo ideal y a coste cero. Pero la situación no parece tan encaminada como hace un mes, como ha anunciado Cuatro. Mateu Alemany ya ha empezado a tomar decisiones como el hombre fuerte en la parcela deportiva del presidente Joan Laporta. Se ha puesto manos a la obra para reforzar la plantilla y el asunto Eric García estaba en lo alto de la lista.

El Barcelona quiere que el futbolista regrese al Camp Nou, y el defensa está encantado de que sea así. Por ese lado no hay problema. Sin embargo, como apunta Cuatroel acuerdo cerrado hace meses con el central español ahora ha sufrido modificaciones. La crisis económica hace estragos en el Barcelona y su tesorería no está para tirar flores. Por ese motivo, se han modificado las condiciones del contrato con Eric García pero a la baja. Esa oferta menos atractiva que frena al zaguero a tomar el paso. Y eso que el internacional español había rechazado todas las propuestas de renovación del Manchester City por volver al Barcelona. Ahora se han cambiado las tornas y el futbolista duda en escuchar otras proposiciones interesantes.

Un problema económico que hace encallar una operación que parecía muy encaminada. Y supone el primer tropiezo al nuevo proyecto de Joan Laporta.